Violencias del decir I

Instalación sonora site-specific para la Casa de la Cultura José Saramago de Albacete.

Encargo de la Sociedad de  Filosofía de Castilla La Mancha para  las XX Jornadas de Filosofía

Equipo:

Arturo Moya Villén: Autor y diseño de audio

Kwendenarmo: Diseño y desarrollo de electrónica

Carlos Hernández: Diseño y desarrollo de software y hardware de electrónica y audio

Ruth Abellán: Intérprete e investigadora en música experimental, electroacústica y arte sonoro

María Bielsa: Foniatra. Presidenta de la Sociedad Médica Española de Foniatría (SOMEF)

Alicia Juárez: Psicóloga especializada en análisis del comportamiento no verbal

EX: Asociación sin ánimo de lucro dedicada al arte electrónico y experimental

Voces de: María Luisa Carrión Pons, Alejandro Rocha Galván, Riley y Marta Rodríguez Peña

 

El proyecto se presentó en las XX Jornadas de Filosofía de Castiila La Mancha en conjunción con dos conferencias de Ruth Abellán Alzallú y Juan Antonio Ruescas.

La instalación transforma el edificio en un organismo vivo que suena y que habla. Los sonidos están ocultos en la estructura del edificio y son audibles cuando los visitantes pegan su oreja a cualquiera de las superficies de metal o de cristal, dentro y fuera de la fachada. La instalación utiliza 20 altavoces de vibración y contiene 10 horas de sonido aproximadamente. La propuesta pone en contacto la piel del espectador con la piel del edificio, invitando a una relación alternativa con la arquitectura en la que se sustituye una mirada que necesita la distancia, por una escucha que solo se da en el contacto. La Saramago se convierte así en un edificio público al que se accede con las claves y actitudes de lo íntimo, como la escucha furtiva que escudriña lo privado a través del muro. La “voz” del edificio, se despierta mediante sinusoides que, entre 50 y 200 Hz hacen vibrar el metal y el cristal, situando en primer plano sus cualidades oscilatorias. Esa voz arquitectónica se pone en diálogo con voces de personas grabadas, que hablan sobre su propia voz. Las voces pertenecen a personas que sufren disfemia o tartamudez, lo que pone en conexión sus dificultades para comunicarse, con las formas en las que una institución dedicada a la cultura le habla a la ciudadanía, abriendo una reflexión sobre los propios modos de enunciarse del arte. La voz de la Saramago es tartamuda no solo para encarnar y reflexionar sobre las violencias del decir propias de nuestra cultura, sino también para contribuir a normalizar las voces de un colectivo en el que habla y violencia son compañeras de viaje. La instalación ha sido creada ex profeso para la casa de la cultura José Saramago y encargada por la Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha.

The installation transforms the building into a sounding and speaking living organism. The sounds are hidden in the structure of the building and are audible when visitors put their ear against any of the metal or glass surfaces inside and outside the facade. The installation uses 20 vibration speakers and contains approximately 10 hours of sound. The proposal puts the skin of the viewer in contact with the skin of the building, encouraging an alternative relationship with architecture: gazing, which needs distance, is replaced by a kind of listening only possible through contact. The Saramago thus becomes a public building accessible through intimate principles and attitudes, such as scrutinising someone’s privacy by eavesdropping through a wall. The «voice» of the building is awakened by sine waves that make metal and glass vibrate at frequencies between 50 and 200 Hz, bringing its oscillatory qualities to the foreground. Said architectural «voice» is put in conversation with voices of recorded people, who speak about their own voice. The voices belong to people who suffer from dysphemia (stuttering), thus linking their difficulties to communicate with the ways in which cultural institutions reach citizens, inviting to reflect upon art’s own modes of expression. Saramago’s voice stutters not only as a way to embody and reflect on our culture’s violent aspects of speaking, but also to help normalise the voices of a collective for whom speech and violence go hand in hand. The installation has been created expressly for “Casa de la Cultura José Saramago” and commissioned by the Society of Philosophy of Castilla-La Mancha.